La Bandera Mexicana

En el curso del año de 1820 se pusieron de acuerdo el realista coronel Agustín de Iturbide y el coronel insurgente don Vicente Guerrero, así como todos sus parciales para unirse y proclamar la libertad de México. Se publico entonces en Iguala el documento que fundamentaba la necesidad de la independencia en el curso ordinario del Virreinato. Sus artículos esenciales eran la unión entre europeos y mexicanos, la conservación de la religión católica sin tolerancia de otra ninguna y el establecer una monarquía moderada con el titulo del Imperio Mexicano, llamado para ocupar el trono a Fernando VIII.

A esto principios se les llamo de las Tres Garantías: el color blanco simboliza la pureza de la religión. El color verde representa la independencia llevada a cabo por el movimiento insurgente. El rojo es la unión, considerada así como la adhesión de los españoles que secundaban el patriótico movimiento. José Magdalena Ocampo, sastre de Iguala fue quien hizo la primera bandera del México Independiente. En la tierra caliente de Guerrero y Michoacán todavía se tiene por cierta la leyenda de que al partir una sandia para refrescarse con ella, los caudillos escogieron los tres colores de la fruta para copiarlos en el lábaro patrio.

En otra ocasión hemos citado los cambios sufridos por los símbolos patrios según fue comentado en septiembre de 1951 por el gran maestro del constitucionalismo mexicano don Manuel Herrera y Lasso nacido en San Luis Potosí en 1890 y fallecido en el DF en 1967, quien fuera miembro fundador del Partido Acción Nacional: «El alma nacional, sentimiento y voluntad se materializa en sus símbolos: el Escudo que es la idea; la Bandera que es el sentimiento; y el Himno que es la voluntad, la voluntad heroica de un pueblo que quiere vivir y sabe morir. No los produce la «razón razonante» sino la imaginación creadora. Mas que la representación concreta de un concepto, son imágenes emotivas de una realidad múltiple e imprecisa, signos de reconocimiento entre los que, sin saberlo, se conocen; divisa de unión y de reunión para los hijos de la misma tierra; síntesis viva de historia y anhelo; productos y factores en el proceso místico que convierte a una sociedad en patria (v. p. 507, «Estudios políticos y constitucionales«. Ed. Miguel Ángel Porrúa, 1996).

El 5 de febrero de 1917 se acordó en la ciudad de Querétaro la Constitución Mexicana, que es no solo la guía de nuestros actos para apegarlos al derecho, sino la definición de estilo de nación que los mexicanos hemos querido estructurar a lo largo del siglo XX.

Es lamentable que a diferencia de otros países, el nuestro haya hecho «picadillo» de la Carta Magna y que el llamado Constituyente Permanente que no solo no es permanente, sino temporalero, el Congreso integrado por la Cámara de Diputados que se renueva cada tres años y por el Senado que es electo cada seis, ha hecho trizas los artículos originales y se tengan acumuladas mas de 400 reformas a la Constitución a lo largo de 87 años.

La falacia de la modernidad permanente puede comprobarse al recordar el sueño del maestro Herrera y Lasso, quien postulaba que se hiciese norma constitucional y no simple disposición por decreto o ley secundaria la definición de los símbolos patrios. En la conmemoración del 5 de febrero, así como en la fiesta de la Bandera Nacional el 24 del mismo mes, el rostro de la patria se ennoblece rindiendo tributo a esos símbolos que han sido objeto de la cambiante actitud de los gobernantes a lo largo del siglo XX.

Muchos cambios han sufrido el Escudo Nacional. En el siglo XX, Venustiano Carranza decretó que el Escudo Nacional se depositase en la Dirección de Bellas Artes, decreto que no fue cumplido y el 5 de febrero de 1934 el presidente Abelardo Rodríguez ordenó que el emblema se depositase en el Archivo General de la Nación.

El 20 de octubre de 1942, el presidente Ávila Camacho decretó que el modelo fuese depositado en el Archivo General de la Nación y en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, en seguimiento del decreto del 5 de febrero de 1934. A la propuesta de septiembre de 1951 formulada por el maestro Herrera y Lasso no siguió respuesta alguna.

El 19 de diciembre del año 2000 el Escudo Nacional fue deformado para emplearlo en toda la propaganda del Ejecutivo. Al desfiguro se le llama el «águila mocha», usada por el ejecutivo en su enorme propaganda de todos los días y todas horas en la televisión.

En el espejo inclinado del tiempo el hombre maduro se ve desfilando a los siete años con cachucha militar en la orquesta de la escuela acompañado con su tambor el sentimiento sonoro de su amor por la patria. En ambas aceras de la Calle Real niños y adultos se amontonaban para ver pasar el desfile de la banda colegial. Aun vibra en sus entrañas el fervor del sentimiento. La Bandera es el territorio, la cultura, la religión, el ser mismo de la nación de sentimiento supremo de mexicanidad.

Opinion/Escrito por: JORGE EUGENIO ORTIZ GALLEGOS